“NO SON CASOS AISLADOS: HAY UNA PRÁCTICA SISTEMÁTICA DE TORTURAR NIÑAS Y MUJERES EN TUCUMÁN”

Quizás porque, en general, la historia (brutal, incómoda, desgarradora) ya se conoce, lo primero en que se recala son en los detalles: aquellos datos con poca probabilidad de haber sido difundidos por la prensa en su momento, o después. Que de chica Belén soñaba con hacer patinaje artístico o ser maestra jardinera; que lo que más extraña de Tucumán son los alfeñiques y los alfajores de miel de caña (y lo que menos extraña es la gente que habla sin saber); que para leer prefiere novelas o poesía.

O tal vez se repara en los detalles como una suerte de estrategia, de bálsamo. Son las muletas que hará avanzar la lectura de una historia que, aún para quienes ya la conocen, se revelará inevitablemente como lo que es: brutal, incómoda, desgarradora. Pero necesaria. O al menos así lo pensó Ana Correa, la autora de “Somos Belén”, el libro que cuenta la experiencia de la joven tucumana condenada y encarcelada por un aborto espontáneo.

Involucrada en el movimiento y las luchas feministas desde hace años, Correa sabía del caso desde que Soledad Deza (la abogada que logró la liberación y absolución de Belén) lo dio a conocer. Luego, cuando el Senado hizo caer el proyecto para legalizar el aborto en el país, Ana decidió que el asunto debía convertirse en libro: “me resultaba muy fuerte que hubiera legisladores que dijeran que aquí nunca hubo mujeres presas por aborto; ese fue uno de los argumentos que usaron (para votar en contra). Me parecía intolerable que nos mintieran así”.

Empezó entonces para ella una carrera contra el tiempo, que a veces también se transformaba en montaña rusa emocional. Sobre la carrera contra el tiempo dice: “escribía a la mañana, antes de entrar a trabajar, y a la noche. También los fines de semana que no estaba con mis hijos. Prácticamente todo el tiempo libre desde que empezó el año lo dediqué al libro. No podía parar porque me parecía urgente dar a conocer esta historia, para que se tome conciencia de la tremenda violencia patriarcal que vivimos las mujeres en general, y las mujeres de menos recursos en particular”.

Sobre la montaña rusa emocional hay diferentes y explícitas huellas a lo largo del libro. “Somos Belén” es, por supuesto, la historia de su protagonista, pero también la de Ana encontrándose con el mundo de Belén, con lo angustioso y lo luminoso de ese mundo. Así, por ejemplo, se sabrá que la autora tiembla al conocer el hospital Avellaneda (al que la joven entró sin saber que estaba embarazada y salió acusada de haberse practicado un aborto en un baño), que se conmueve cuando visita el penal de mujeres (donde Belén pasó 29 meses, entre 2014 y 2016) y que el primer abrazo entre las dos la reconforta por razones que van mucho más allá de los objetivos editoriales.

Y también hay definiciones de un Tucumán que no es del todo ajeno a Correa (quien vive en Buenos Aires): no sólo porque su padre nació en esta provincia, sino también porque es un territorio del que siempre estuvo pendiente. “No quería aparecer como alguien de afuera que iba a contar una historia que no le pertenecía. Por eso tomé recaudos, como conversar todo el tiempo con tucumanas y tucumanos, permitir que se expresaran y que yo fuera un vehículo de sus sensaciones. Hubo partes que reformulé luego de hablar con ellos”.

Sobre el proceso de escritura, su relación con Belén y sus impresiones de nuestra provincia, Correa habló con La Palta:

– ¿Dirías que escribir sobre Belén ayudó a transformar algo en tu vida?

– Ella sufrió una gran injusticia y estuvo sometida a un maltrato y violencia estatal tremendos. También su familia. Admiro la fortaleza de ella y la de su mamá y sus hermanas. Belén me ayudó a ver claramente que mientras esté criminalizado el aborto ni ella ni miles de mujeres se van a sentir totalmente libres. En lo personal me hizo muy feliz su confianza, me honró mucho que hayamos construido una amistad.

– ¿Cómo quedabas después de cada entrevista?

– En cada charla me contaba cosas increíbles. Lo que vivió es de película de terror, y ella le ponía hasta sentido del humor. Me quedaba soñando con que el libro iba a tener mucho impacto porque sus relatos eran increíbles.

– A medida que ibas reconstruyendo la historia, ¿cuál fue el dato o la anécdota que más incredulidad te provocó?

– Cuando visité el hospital al que fue Belén la noche en que quedó presa (N. de la R.: en el libro, Correa cuenta que eligió ir al Avellaneda a la misma hora en que fue la joven). Empecé a escribirles mails a quienes estaban al tanto del libro (eran las 3 de la mañana, si no les hubiera mandado whatsapp): “Es increíble que a alguien se le haya ocurrido que Belén vino a hacerse un aborto a este hospital. ¡Pero si te tiemblan las piernas desde 10 minutos antes de llegar! Está enfrente de la cárcel de varones más grande de Tucumán, te atienden policías en la guardia”. Luego están las barbaridades del expediente, toda la historia es increíble.

– En el libro hay referencias a tu experiencia personal, ¿cómo te sentiste contándola?

– Fue una decisión muy difícil contar la historia que había atravesado (un embarazo con diagnóstico no viable, y con necesidad de hacer un aborto legal y no poder). Lo decidí como un aporte a la lucha feminista y lo sufrí bastante en lo personal, pero me dio un poder que hasta hace poco desconocía: que hablar e intentar sanar te fortalece, sobre todo si tenés una red feminista que te abraza. Esa experiencia también me acercó a Belén, porque entendía su decisión de no darse a conocer. Igual las experiencias no son comparables, ahí también te das cuenta de que podés compartir padecimientos, injusticias y dolor, pero lo hacés desde un lugar de privilegio. Belén careció absolutamente de derechos por casi tres años, y hasta hoy no tuvo ninguna reparación.

– ¿Por qué te parece importante que quede claro el rol de los medios en todo el proceso?

– Porque los medios fueron absolutamente cómplices del daño que sufrió Belén, y en muchos casos autores principales. Si no hubieran dicho infamias sobre ella, no habría tenido que irse de la provincia (meses después de su liberación, la joven se mudó a Buenos Aires). Los medios más grandes de Tucumán están repitiendo ahora la actitud. Este libro llevó al presidente Alberto Fernández a comprometerse a legalizar el aborto, y su historia sucedió en Tucumán, pero la mayor parte de la prensa aún no habló sobre él.

– ¿Cómo cambió tu visión de la provincia después de escribir “Somos Belén”?

– Se potenciaron dos cosas: nunca pensé que era tan pero tan grave la situación de las niñas madres y de las mujeres criminalizadas por abortar. Suponía que eran casos aislados, pero no, hay una práctica sistemática de torturar niñas y mujeres en Tucumán.

Como positivo, la resistencia dentro de los movimientos de mujeres y de derechos humanos, que es realmente un ejemplo a seguir.

– ¿Cuáles son los cambios más urgentes que se necesitan en Tucumán para que no se repitan casos como este?

– Lo más urgente es que la ministra Rossana Chahla no siga al frente del sistema de salud. Mientras ella y Luis Medina Ruiz -quien era el director del Hospital Avellaneda cuando denunciaron a Belén y ahora está al frente del Siprosa- estén a cargo de salud, las mujeres van a seguir siendo violentadas. También debería prosperar el juicio político a la fiscala Adriana Giannoni, que persigue a los médicos que quieren garantizarle el derecho a la salud a las niñas y a las mujeres.

– Si accedieras hoy mismo a una entrevista con Manzur, ¿qué le dirías?

– Que por favor se dé cuenta de que está gobernando una provincia en el que se alienta la tortura de mujeres y niñas. Que no hay desarrollo posible si hay una violación sistemática de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

Que le pida la renuncia a Chahla y a Medina Ruiz.

Que garantice la ESI.

Que le den algún tipo de reparación a Belén y a su familia.

Quizás porque, en general, la historia (brutal, incómoda, desgarradora) ya se conoce, lo primero en que se recala son en los detalles: aquellos datos con poca probabilidad de haber sido difundidos por la prensa en su momento, o después. Que de chica Belén soñaba con hacer patinaje artístico o ser maestra jardinera; que lo que más extraña de Tucumán son los alfeñiques y los alfajores de miel de caña (y lo que menos extraña es la gente que habla sin saber); que para leer prefiere novelas o poesía.

O tal vez se repara en los detalles como una suerte de estrategia, de bálsamo. Son las muletas que hará avanzar la lectura de una historia que, aún para quienes ya la conocen, se revelará inevitablemente como lo que es: brutal, incómoda, desgarradora. Pero necesaria. O al menos así lo pensó Ana Correa, la autora de “Somos Belén”, el libro que cuenta la experiencia de la joven tucumana condenada y encarcelada por un aborto espontáneo.

Involucrada en el movimiento y las luchas feministas desde hace años, Correa sabía del caso desde que Soledad Deza (la abogada que logró la liberación y absolución de Belén) lo dio a conocer. Luego, cuando el Senado hizo caer el proyecto para legalizar el aborto en el país, Ana decidió que el asunto debía convertirse en libro: “me resultaba muy fuerte que hubiera legisladores que dijeran que aquí nunca hubo mujeres presas por aborto; ese fue uno de los argumentos que usaron (para votar en contra). Me parecía intolerable que nos mintieran así”.

Empezó entonces para ella una carrera contra el tiempo, que a veces también se transformaba en montaña rusa emocional. Sobre la carrera contra el tiempo dice: “escribía a la mañana, antes de entrar a trabajar, y a la noche. También los fines de semana que no estaba con mis hijos. Prácticamente todo el tiempo libre desde que empezó el año lo dediqué al libro. No podía parar porque me parecía urgente dar a conocer esta historia, para que se tome conciencia de la tremenda violencia patriarcal que vivimos las mujeres en general, y las mujeres de menos recursos en particular”.

Sobre la montaña rusa emocional hay diferentes y explícitas huellas a lo largo del libro. “Somos Belén” es, por supuesto, la historia de su protagonista, pero también la de Ana encontrándose con el mundo de Belén, con lo angustioso y lo luminoso de ese mundo. Así, por ejemplo, se sabrá que la autora tiembla al conocer el hospital Avellaneda (al que la joven entró sin saber que estaba embarazada y salió acusada de haberse practicado un aborto en un baño), que se conmueve cuando visita el penal de mujeres (donde Belén pasó 29 meses, entre 2014 y 2016) y que el primer abrazo entre las dos la reconforta por razones que van mucho más allá de los objetivos editoriales.

Y también hay definiciones de un Tucumán que no es del todo ajeno a Correa (quien vive en Buenos Aires): no sólo porque su padre nació en esta provincia, sino también porque es un territorio del que siempre estuvo pendiente. “No quería aparecer como alguien de afuera que iba a contar una historia que no le pertenecía. Por eso tomé recaudos, como conversar todo el tiempo con tucumanas y tucumanos, permitir que se expresaran y que yo fuera un vehículo de sus sensaciones. Hubo partes que reformulé luego de hablar con ellos”.

Sobre el proceso de escritura, su relación con Belén y sus impresiones de nuestra provincia, Correa habló con La Palta:

– ¿Dirías que escribir sobre Belén ayudó a transformar algo en tu vida?

– Ella sufrió una gran injusticia y estuvo sometida a un maltrato y violencia estatal tremendos. También su familia. Admiro la fortaleza de ella y la de su mamá y sus hermanas. Belén me ayudó a ver claramente que mientras esté criminalizado el aborto ni ella ni miles de mujeres se van a sentir totalmente libres. En lo personal me hizo muy feliz su confianza, me honró mucho que hayamos construido una amistad.

– ¿Cómo quedabas después de cada entrevista?

– En cada charla me contaba cosas increíbles. Lo que vivió es de película de terror, y ella le ponía hasta sentido del humor. Me quedaba soñando con que el libro iba a tener mucho impacto porque sus relatos eran increíbles.

– A medida que ibas reconstruyendo la historia, ¿cuál fue el dato o la anécdota que más incredulidad te provocó?

– Cuando visité el hospital al que fue Belén la noche en que quedó presa (N. de la R.: en el libro, Correa cuenta que eligió ir al Avellaneda a la misma hora en que fue la joven). Empecé a escribirles mails a quienes estaban al tanto del libro (eran las 3 de la mañana, si no les hubiera mandado whatsapp): “Es increíble que a alguien se le haya ocurrido que Belén vino a hacerse un aborto a este hospital. ¡Pero si te tiemblan las piernas desde 10 minutos antes de llegar! Está enfrente de la cárcel de varones más grande de Tucumán, te atienden policías en la guardia”. Luego están las barbaridades del expediente, toda la historia es increíble.

– En el libro hay referencias a tu experiencia personal, ¿cómo te sentiste contándola?

– Fue una decisión muy difícil contar la historia que había atravesado (un embarazo con diagnóstico no viable, y con necesidad de hacer un aborto legal y no poder). Lo decidí como un aporte a la lucha feminista y lo sufrí bastante en lo personal, pero me dio un poder que hasta hace poco desconocía: que hablar e intentar sanar te fortalece, sobre todo si tenés una red feminista que te abraza. Esa experiencia también me acercó a Belén, porque entendía su decisión de no darse a conocer. Igual las experiencias no son comparables, ahí también te das cuenta de que podés compartir padecimientos, injusticias y dolor, pero lo hacés desde un lugar de privilegio. Belén careció absolutamente de derechos por casi tres años, y hasta hoy no tuvo ninguna reparación.

– ¿Por qué te parece importante que quede claro el rol de los medios en todo el proceso?

– Porque los medios fueron absolutamente cómplices del daño que sufrió Belén, y en muchos casos autores principales. Si no hubieran dicho infamias sobre ella, no habría tenido que irse de la provincia (meses después de su liberación, la joven se mudó a Buenos Aires). Los medios más grandes de Tucumán están repitiendo ahora la actitud. Este libro llevó al presidente Alberto Fernández a comprometerse a legalizar el aborto, y su historia sucedió en Tucumán, pero la mayor parte de la prensa aún no habló sobre él.

– ¿Cómo cambió tu visión de la provincia después de escribir “Somos Belén”?

– Se potenciaron dos cosas: nunca pensé que era tan pero tan grave la situación de las niñas madres y de las mujeres criminalizadas por abortar. Suponía que eran casos aislados, pero no, hay una práctica sistemática de torturar niñas y mujeres en Tucumán.

Como positivo, la resistencia dentro de los movimientos de mujeres y de derechos humanos, que es realmente un ejemplo a seguir.

– ¿Cuáles son los cambios más urgentes que se necesitan en Tucumán para que no se repitan casos como este?

– Lo más urgente es que la ministra Rossana Chahla no siga al frente del sistema de salud. Mientras ella y Luis Medina Ruiz -quien era el director del Hospital Avellaneda cuando denunciaron a Belén y ahora está al frente del Siprosa- estén a cargo de salud, las mujeres van a seguir siendo violentadas. También debería prosperar el juicio político a la fiscala Adriana Giannoni, que persigue a los médicos que quieren garantizarle el derecho a la salud a las niñas y a las mujeres.

– Si accedieras hoy mismo a una entrevista con Manzur, ¿qué le dirías?

– Que por favor se dé cuenta de que está gobernando una provincia en el que se alienta la tortura de mujeres y niñas. Que no hay desarrollo posible si hay una violación sistemática de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

Que le pida la renuncia a Chahla y a Medina Ruiz.

Que garantice la ESI.

Que le den algún tipo de reparación a Belén y a su familia.

La comunidad internacional está mirando a Tucumán horrorizada. En él está la posibilidad de que Tucumán sea reconocida como una provincia democrática y próspera, en vez de la provincia en la que el Estado avala la tortura de mujeres y niñas.

La comunidad internacional está mirando a Tucumán horrorizada. En él está la posibilidad de que Tucumán sea reconocida como una provincia democrática y próspera, en vez de la provincia en la que el Estado avala la tortura de mujeres y niñas.

Fuente: La Palta Tucumán – https://lapalta.com.ar/genero/2019/12/12/no-son-casos-aislados-hay-una-prctica-sistemtica-de-torturar-nias-y-mujeres-en-tucumn

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