Manzur participó del Tedeum por el 9 de julio, sin público

En el marco del 204°  aniversario de la Declaración de la Independencia Nacional, el gobernador, Juan Manzur, participó del solemne tedeum presidido por el arzobispo de Tucumán, Carlos Sánchez, en la Catedral de Tucumán.

Este año, debido a las medidas sanitarias adoptadas por la pandemia de coronavirus, el titular del Ejecutivo provincial estuvo acompañado por su esposa, Sandra Mattar Sabio; el vicegobernador, Osvaldo Jaldo y su señora, Ana Grillo; la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Claudia Sbdar, acompañada por sus pares, los vocales, Eleonora Rodríguez Campos y Daniel Leiva; el intendente de San Miguel de Tucumán, Germán Alfaro junto a su esposa la diputada nacional, Beatriz Ávila; el presidente subrogante de la Legislatura, Regino Amado y el vicepresidente primero de la Legislatura, Gerónimo Vargas Aignasse.

“En este momento tan difícil que está viviendo el mundo con una pandemia que afecta a cada una de nuestras provincias, nos sentimos muy acompañados por nuestro Presidente. Nos sentimos orgullosos querido Presidente, de que cumpla con la palabra empeñada y de que convoque a todos los gobernadores para poner a la Argentina de pie”, reflexionó Manzur en su discurso desde Casa Histórica, en videoconferencia con el presidente Alberto Fernández.

Homilía: las palabras del arzobispo Carlos Sánchez

Gracias a Dios por la entrega generosa y valiente de tantos argentinos que en este tiempo de pandemia han puesto todo de sí para servir a la sociedad toda, los trabajadores de la salud, de educación, de seguridad, de los servicios esenciales. Gracias, Señor, por tu amor reflejado en el servicio de estos hermanos y gracias a cada uno de los servidores de la sociedad por haber sido signo de Cristo, compasivo y misericordioso.

Este año de una manera muy especial, suplicamos a Dios que: nos libre de la pandemia y de tantos males que sufrimos en nuestra sociedad; nos consuele en la aflicción, la enfermedad y el dolor de tantos hermanos; nos ilumine para vivir este tiempo de oscuridad y desconcierto, buscando y encontrando alternativas superadoras, en la escucha al pueblo santo de Dios y al Evangelio; nos anime y fortalezca para poner todas nuestras energías y capacidades al servicio del bien común y deponiendo nuestros intereses mezquinos e individualistas; nos encienda el corazón en la caridad efectiva y sacrificada, para que los argentinos vivamos en paz, justicia y libertad, acrecentando la esperanza con el encuentro fraterno y comprometido.

La situación sanitaria nos exige el distanciamiento, pero no al alejamiento y la indiferencia ante cada situación de vida. Nos exige cuidarnos, pero no ensimismarnos, excluyendo y marginando. Nos exige quedarnos en casa, pero pensando y haciendo algo por el hermano argentino que no tiene casa, abrigo, comida, remedios, educación y afecto. Nos exige lavarnos continuamente las manos, pero no para desentendernos de los demás, como Pilato, sino para purificar nuestra manera de pensar y tratar al otro. Nos exige cubrir nuestra nariz y boca para que lo que decimos, pase antes por el filtro de la compasión y la caridad, y respiremos el aire puro de la verdad, la paciencia y comprensión, sin imposiciones. Nos exige mirarnos a los ojos para ser sinceros, “los ojos son el espejo del alma” dice el Señor, mirarnos para dignificarnos y poder descubrir en la realidad tan compleja los haces de luz y esperanza.

Nos exige usar nuestros oídos, no solo para sujetar el barbijo, sino para escuchar el clamor de los que sufren violencia, inseguridad, injusticia, indiferencia y atropello. Y escuchándolos generar iniciativas de cambio y superación. Nos exige mantener limpios y sanos los espacios y, por tanto, sanar las relaciones familiares, laborales, vecinales, las decisiones para tomar el mejor camino a recorrer y arroparnos con la caridad fraterna y solidaria.

Más allá de las profundas diferencias de época, hay mucho de permanente, de vigente, en la actitud de Belgrano de tratar de mirar siempre más allá, de no quedarse con lo conocido, con lo bueno o malo del presente y nos llena de esperanza para preparar el futuro. Esa actitud “utópica”, en el sentido más valioso de la palabra, es sin duda uno de los componentes esenciales de la creatividad, tan necesaria en los tiempos que vivimos.

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