La radio argentina cumple sus primeros 100 años

Aquella  transmisión en la terraza del Teatro Coliseo se transformó en la piedra fundamental de un medio que, como ningún otro, sería compañía, servicio, entretenimiento, y vehículo de información. Posibilidad de imaginación y construcción de universos propios en los oyentes. Pasaron cien años y aquella idea primigenia de Los locos de la azotea sigue tan vigente como entonces. Un 27 de agosto, pero de 1920 , Enrique Telémaco Susini, Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero Carranza concretaron esa propuesta aventurada transmitiendo, en directo, la ópera Parsifal de Richard Wagner. Nacía la radio a partir de un acontecimiento pionero en el mundo. Una década antes, para el centenario de la Revolución de Mayo, el italiano Guillermo Marconi había presentado en el país el “telégrafo sin hilo”, un antecedente cercano a la futura radiodifusión.

“La radio es la transmisión más directa de la idea y la palabra que encontró el hombre. Lo que hoy se puede hacer vía WhatsApp, ya se hacía en los años ´30 o ´40 en la radio. Las primeras difusiones virales corresponden a este medio que desparramaba noticias por el mundo. Las prácticas que hoy llevan adelante muchos artistas, ya las había implementado Carlos Gardel en el ´30 cuando cantó en Nueva York con sus músicos acompañándolo desde Buenos Aires”, grafica Lalo Mir, una de las voces que, desde los ochenta, se apoya en la ética de un estilo propio.

“Aquellos hombres, desde la terraza del Coliseo, fueron pioneros. No hay que olvidarlos, marcaron un hito en la comunicación en el mundo. En 1934 se realizó, en Buenos Aires, un congreso internacional de radio, con la participación de 40 países. Ahí se reconoció a aquella emisión como la primera transmisión radiofónica del mundo”, explica Ricardo Pérez Bastida, quien fue una de las voces más reconocibles de Radio Rivadavia, discípulo de Héctor Larrea y, desde hace años, al frente de su ciclo La tarde con Bastida por LU6 Radio Atlántica de Mar del Plata, emisora que, fuera de las del ámbito porteño, es la más antigua del país dado que fue fundada el 1° de septiembre de 1926. Aquella ratificación del encuentro de 1934 permite reconocer al 27 de agosto como el Día de la Radio en nuestro país . A nivel internacional, las Naciones Unidas lo proclamó el 13 de febrero.

Corría 1920 y el Poder Ejecutivo nacional estaba a cargo del radical Hipólito Yrigoyen. “Señoras y señores: la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el festival sacro de Ricardo Wagner, Parsifal , con actuación del tenor Maestri, el barítono Aldo Rossi Morelli y la soprano argentina Sara César, todos con la orquesta del Teatro Costanzi de Roma, dirigida por el maestro Félix von Weingarten”. La voz engolada de Enrique Susini abrió la transmisión. La antena endeble se colocó a una distancia intermedia entre el Coliseo y la cúpula de una propiedad de Cerrito y Charcas. En la terraza del teatro se ubicó el precario equipamiento. La mitología cuenta que Susini habría traído de Europa algunos elementos escondidos en sus ropas. Aquellos transmisores de 5 KW, que fueron colocados en la azotea del teatro, habrían tenido origen francés. Un micrófono con bocina para sordos se instaló en el paraíso de la sala. Todo listo para que unos pocos con auriculares “a galena” pudiera acceder al gran acontecimiento fundacional y revolucionario.

En poco tiempo, el medio se arraigó en la población. Las emisoras que empezaban a surgir completaban sus grillas con una programación amplia que incluía noticias y programas musicales. En 1928, Yrigoyen, ya transitando su segundo mandato, creó la Dirección de Radiocomunicaciones dependiente de Correos y Telégrafos. La idea era organizar las emisoras y definir el objetivo para el que fueron creadas. Aquel reglamento incitaba a: ofrecer audiciones altamente artísticas y culturales, que la propaganda comercial se emita en forma mesurada sin alterar la calidad de los programas e impedía que predominen grabaciones en discos. En aquellos tiempos entraba en escena Jaime Yankelevich, quien llegaría para modernizar e impulsar el joven medio que ya veía desfilar a artistas de la talla de Ignacio Corsini y Rosita Quiroga.

A partir de la década del ´40, la radio vivió una época gloriosa. Las programaciones contaban con las grandes estrellas de la música, las orquestas de tango más importantes, los ciclos de radioteatro paralizaban la vida cotidiana y los animadores se convertían en ídolos populares. Los Pérez García y el Glostora Tango Club eran emisiones ineludibles para las audiencias. “Usted está hablando con la casa de los Pérez García”, decía la voz del inicio y explotaba el dial. Gran pensión El Campeonato satirizaba el fanatismo por el fútbol y Niní Marshall deslumbraba con su galería de personajes junto a Juan Carlos Thorry, un partenaire de lujo. Charlo era estrella al igual que Juan D´Arienzo. Épocas donde Buenos Aires se enorgullecía de su tango. Los Cinco Grandes del Buen Humor y Luis Sandrini con su personaje Felipe se ganaban la aprobación popular. Eva Duarte era otra de las actrices convocada frecuentemente por un medio que privilegiaba la ficción. Hilda Bernard y Oscar Casco hacían suspirar a las mujeres, sobre todo cuando él le decía a ella “Mamarrachito mío”. El Radioteatro de Nené Cascallar por Splendid era un suceso. A comienzos de los ´50 desembarcó Alejandro Romay, fundó Radio Libertad y dio vida a marcas históricas como Grandes Valores del Tango . Ya hacía tiempo que otro título emblemático gozaba de buena vida: Las dos carátulas, el ciclo de ficción que aún sigue en el aire bajo la dirección de Nora Massi por Nacional. Si este programa proponía textos del teatro universal especialmente adaptados para la radio, algunas emisoras enviaban sus móviles a las salas céntricas para transmitir las funciones en vivo. Cuando los actores en escena no emitían palabra, los oyentes de radio potenciaban su capacidad creativa. “Los actores tenemos, en parte, la responsabilidad de haber dejado vacante el lugar de la ficción en la radio. Cuando apareció la televisión, también los autores eligieron ese medio”, reconoce Massi.

En la época de oro, las publicidades también eran celebridades. Los oyentes cantaban de memoria los jingles. Al consabido “Venga del aire o del sol, del vino o de la cerveza, cualquier dolor de cabeza, se cura con un…”, nadie dudaba en rematar con la marca Geniol. Así como Glostora, otros productos acompañaban los títulos de los programas. El medio era poderoso y las empresas sabían que sus ventas se multiplicaban si un programa llevaba su nombre: imposible olvidar el Teatro Palmolive del aire o el posterior Modart en la noche . En aquellos tiempos, Pepe Iglesias era El Zorro y Delfor animaba La revista dislocada .

En los ´40, Tita Merello o Libertad Lamarque hacían delirar a los escuchas de radio capilla. Lolita Torres, una joven celebridad, alborotaba el dial en el horario nocturno: “Salvo en sus inicios, las audiciones de Lolita ocuparon justamente esa franja horaria y contaban con la presencia del público que hacía interminables colas para poder ingresar en la emisora. Muchas veces se llegaba a interrumpir el tránsito, librándose verdaderas luchas a brazo partido para conseguir una ubicación en la platea”, describe el prestigioso historiador Mario Gallina en Querida Lolita , la eminente biografía de la cantante que lleva su firma.

La Nación

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