“La Bombonera” cumple 80 años

El estadio Alberto J. Armando cumple 80 años de vida en medio de un momento muy particular. Con sus puertas cerradas a raíz de la delicada situación que vive el mundo entero, pero con sus cimientos más fuertes que nunca. Después de tanta incertidumbre sobre su futuro, y con la idea que muchos tenían de construir otra cancha, la nueva dirigencia parece haberle puesto fin a la discusión.“De La Bombonera no nos vamos”, sonó casi como un grito de guerra.

La imponente estructura yace en la Ciudad de Buenos Aires -más precisamente en el barrio de La Boca- entre las calles Brandsen, Del Valle Iberlucea, Aristóbulo del Valle y las vías del Ferrocarril Roca. Tiene una capacidad cercana a los 55 mil espectadores y en la actualidad se analizan dos proyectos para poder ampliarla de una vez por todas. La gran limitación son las propiedades ubicadas en las dos medias manzanas que están detrás de los palcos. Una novela de nunca acabar.

La historia de La Bombonera comenzó mucho antes del 25 de Mayo de 1940, día de su inauguración. Después de haber tenido otros estadios, y de deambular por diferentes zonas, en 1922 el club alquiló los mismos terrenos que ocupa hoy en día y que recién se adquirieron en 1931. Los trabajos para contar con un campo de juego y tribunas de madera finalizaron en 1924. Algunos de esos tablones hoy forman parte de la cancha de Ferro, donde el Xeneize hizo de local mientras edificaba su nueva y definitiva casa.

La cancha lleva el nombre de Alberto J. Armando, presidente de la institución en dos periodos y por un total de 21 años (1954-1955 y 1960-1980). El equipo había ganado durante su mandato los títulos más relevantes a nivel internacional hasta la llegada de Mauricio Macri, justamente quien en 2000 decidió destacarlo con semejante homenaje. La primera denominación regía desde 1986 y se trataba de Camilo Cichero, por su esfuerzo y determinación para impulsar las obras que construyeron el recinto.

¿Por qué se la conoce como La Bombonera? Así la bautizó Sulcic, a raíz de una caja de bombones que recibió como regalo y que tenía la misma forma de su proyecto. El bosquejo original preveía tribunas en los cuatro costados, pero las escasas dimensiones obligaron a mutar el diseño para elaborar una especie de “D”. De allí también se explica la famosa acústica, además de la sensación de cercanía que existe con el público por haber tenido que optimizar el espacio y levantar las bandejas con una pendiente muy marcada.

Esa es la historia de la cancha de Boca. La que se mueve, tiembla y late. Escenario de incontables mitos y hazañas. La que casi fue rematada. El templo donde miles de fieles van en cada partido a profesar su religión. Famosa y elogiada en el mundo entero por su mística. Considerada sitio de visita obligada según los principales medios del planeta. Hogar que alberga una pasión única e incomparable. Imposible de explicar. Aquella que muchas veces se convierte en el jugador número 12 e interviene en el resultado. Desde penales atajados hasta triunfos y campeonatos. La casa de la mitad más uno.

Tyc Sports

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